domingo, 18 de octubre de 2015

POEMAS VIEJOS DE MI CAJÓN: HOY ME ASUSTA MIRAR EL HORIZONTE




HOY ME ASUSTA MIRAR EL HORIZONTE


Quizá mis lentos ojos no verán más el  sur…

(Luis Cernuda)


Ya no huelo jazmines de los patios
de aquel corral en que murió mi infancia
entre vecinos pobres que tenían
la sonrisa en los labios como prenda valiosa.

No me ofrece la vida aquella brizna sana
de luz y de color y de calor humanos
que entraban en mi alma como entra la abeja
al corazón nutriente de las flores.

Parece que fue ayer cuando estiraba
intensamente la gota de las horas
e iba sorbiendo el jugo empalagoso
que traía un almanaque de pocas alegrías.

Ayer mismo volaba al tiempo que ellos
con los pájaros grises de mi corral vetusto
y  remontaba al cielo mi cometa de caña
mientras mis ojos verdes volaban en su seda.

Devoraba con ansia el horizonte
de mi río y mi calle de nacencia,
la acera de los juegos, mi humilde caserío,
el rostro de mi madre inmensamente bello y
hasta el casero olor del jabón de mis sábanas.

Han sido dos suspiros, cuatro días y medio,
dos golpes de reloj funambulistas,
diez lágrimas saladas resbalando y quemando,
siete muertes profundas con setenta orfandades…

Parece que fue ayer cuando en diciembre
 viajaba la esperanza a las húmedas losas de mi patio
y el olor de pestiños y alfajores
se me colaba adentro para nunca olvidarlo.

Tapaderas de ollas aboyadas
y botellas del anís La Asturiana
y chinchines cruzcampeando sones
daban agudos a los zumbidos sordos
de un cántaro alfarero herido de alpargatas.

Y mi abuelo, sobre su pierna única,
me sentaba curtiéndome la cara
de besos y caricias y ternuras
que jamás mejoraron mujeres de mi vida.

El mundo era tan chico entre mis manos
que podía abrazarlo, acariciarlo, olerlo,
sentirlo mío, porque mía era su luz,
su libertad, su sencillez, su matriarcado.

Ayer el olor del primer lápiz, de la primera goma,
la pizarra de marco barnizado,
las líneas paralelas de un cuaderno
que aún guardo con “mi mamá me ama”.

Y don  Ángel, de exquisita paciencia,
el vasco más canijo que yo he visto,
y más deteriorado y más prudente
y con más miedo, formándome despacio.

Y en la húmeda pared de mi colegio
un hombre que parecía un gigante
con bigote menudo, cara de mala leche
y medallas colgadas del bolsillo.

Y otro, con los brazos cruzados,
cinco flechas y un yugo en la pechera,
mirándome peinado con gomina
desde una juventud que le fue breve.

Y un tío muy feo con lentes muy redondas,
con un blanco bonete y una mirada fría
que se fijaba en ti por donde fueras
y se llamaba Pío, con un XII romano
que don Ángel ya me enseñó más tarde.,

Y mi padre llevándome a la sierra
para una tosferina interminable,
y el practicante cebándose en mis nalgas
infantiles, moradas de Hepal Crudo.

Me amamantaba a golpes de silencio,
voces entrecortadas, brazaletes de luto,
brazos en alto que cantaban sones
de un Cara al Sol que familiar se hizo.

Y el niño que yo era iba corriendo alegre
por las aceras y losas de los patios
y triste se ponía entre los rayos
de un camión que pintaba, en blanco y verde:
Liga Antituberculosa…

Hoy ya voy preparando entregar mi cuchara,
doblar la esquina esa que jamás nadie quiere,
dejarme, irme, alzarme por esos altos cielos
en los que habrá familias y amigos que encontrarme.


Sevilla-1972
Córdoba- 2015

2 comentarios:

  1. ¿En el 72 ya te sentías así, viejo prematuro...? Bueno, me encantan tus versos-recuerdos y siento hondamente la muerte de tu compañero. Hace cinco perdí a quien fue otro compañero-hermano, Antonio Valverde; sé lo que duele y los recuerdos que suscitan.

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  2. También yo siento mucho la muerte de Antonio. No sabía nada.

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