sábado, 31 de agosto de 2013

DESDE MI TORRE: ¡QUE SIGAN, QUE SIGAN...!


Pocas cosas hay más que me desmoralicen que un incendio forestal, la quema de nuestros pastos y bosques, la de esos paisajes naturales que hemos tenido la suerte de gozar y disfrutar en tiempos aún no muy lejanos. Cuando veía el televisor con mi mujer y salían las imágenes de bosques ardiendo por el paisaje de España, como un papagayo yo siempre repetía la misma frase, la que da título a esta página: ¡Que sigan, que sigan...!, como queriéndole dar a entender que era la muerte de lo poco que nos quedaba a los hombres amantes de la Naturaleza. Cada noticia, era, y sigue siendo, un puñal en el alma. Se queman cada año hectáreas y hectáreas -normalmente por el capricho de un desaprensivo- sin que las comunidades autónomas pongan algo de su parte en evitación de estos desastres que alguna vez que otra suelen cobrarse vidas humanas, aparte de la flora y fauna.

Desde principios de los años setenta descubrí junto a mi mujer los hermosos parajes de las sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, recomendado por un compañero de trabajo que se dedicaba a anillar aves. Cuando por primera vez atravesé el control de Burunchel, me produjo la sensación de haber pasado de las prisas y agobios cotidianos a la tranquilidad más absoluta. ¡Qué paz, qué tranquilidad y qué hermosos paisajes! Pero a la entrada de este Parque Natural había una barrera, y un guarda forestal que te pedía la documentación, que te apuntaba la matrícula, marca y color del coche, que te hacía abrir el maletero para ver si portabas armas, y que, además, te preguntaba en qué hotel, casa rural u hostal pensabas alojarte. Aquello, que sólo consumía varios minutos, me parecía magnífico, porque entendía que era la única forma de saber cuánta era la población del Parque en esos momentos para en caso de una posible evacuación, y porque la toma de datos de seguro que haría pensar a alguno que llevase malas intenciones.

Ibas por el hermoso camino hasta el "Hostal Mirasierra", que es donde nos hemos hospedado durante cuarenta años, entre la llamada Torre del Vinagre -que es el museo de la sierra- y Coto Ríos, un precioso poblado forestal, y cada dos por tres veías a los agentes forestales en sus labores de limpieza de matorrales, cunetas y árboles caídos. Pocos años duró ese sueño de un parque idílico al que ya empezamos a llevar a los niños y donde nos lo pasábamos estupendamente. El hostal cambió de dueño. Diego se le dejó a su hijo, un excelente anfitrión de cuantos nos hospedábamos allí. Por aquel tiempo, sólo había habitaciones humildes con un retrete y un baño común por planta. Con el tiempo, el hostal llegó a parar a manos de un gran hombre y una gran mujer: Benigno y Pilar -la mejor cocinera del mundo-, que dejaron las manos del negocio, sin apartar la vista, en sus hijos Efi y Reyes, y en Narciso, camarero desde que nació y fiel a la casa, que contrajo nupcias con la guapísima Efi. El negocio fue prosperando con la juventud, y ya es un hostal con estupendas y cómodas habitaciones, con aire acondicionado, y dotadas con televisión, señal para internet y una excelente decoración, aparte de que la cocina siempre se ha mantenido con la misma calidad. Ya tiene piscina, servicio de bicicletas, etcétera. ¡Lo que va de ayer a hoy!

Pero mientras este negocio ha ido para mejor, y todos los de tan hermosa sierra, desde que la Junta de Andalucía tomó para sí la dirección del Parque, aquello ha sido un desastre, un auténtico desastre. Eliminaron los dos únicos controles: el de Burunchel y el del Pantano del Tranco, la suciedad de sus cunetas es inadmisible, cerraron la piscifactoría del río Borosa -que era uno de los grandes attractivos-, el río Aguamulas está de pena; los caminos, olvidados de la mano del hombre, so pena de tener que cambiar los cuatro neumáticos del coche para ir al nacimiento del Guadalquivir...

Eso sí, la propia Junta, a nombre de terceros, ha construido hoteles de lujo en algunos parajes especiales, y algunas  que otras fincas para uso y disfrute de sus mandamases. Pero el Parque está abandonado a su suerte. Importantísimo fue el incendio de 1986 en los alrededores de la Torre del Vinagre, en el que se quemaron más de mil hectáreas; pero el más triste, por la belleza anterior del paisaje, fue el de El Puerto de las Palomas en el año 2001, parada obligada para cuantos entrábamos al espacio natural. La vista era una auténtica maravilla. Más tarde fue el de los alrededores del pantano de El Tranco... Y así, así, nos han echado a todos los que amábamos esta naturaleza. Desde que sucedió el incendio de El Puerto de las Palomas, me resistía  a seguir viajando a Cazorla- lo que solíamos hacer dos o tres veces al año-. Era deprimente ver aquella inmensa superficie de 800 hectáreas calcinadas, pensando, además, en cuantos animales murieron. De todas formas, como a Lola, a mis niños, a mis nietos y a mí nos gustaba tanto aquello, seguimos fiel a nuestra reserva en el hostal de nuestros amigos Efi y Narciso. Cuando ocurrió el incendio de El Tranco, tiramos la toalla y ya no fuimos nunca jamás. Mi amistad con los dueños del hostal sigue como en el primer día. Ellos son los primeros que se quejan de la dejadez que la Junta de Andalucía tiene sobre el Parque. Lo mismo ocurre en Doñana, y en todos cuantos parajes naturales hermosísimos de Andalucía media la mano de la Junta, de los nuevos señoritos, de los recientes caciques que no tienen ni zorra idea de la administración de un Patrimonio del pueblo andaluz.

Recuerdo que en la época del dictador, se hizo una campaña que todavía recordamos los que ya peinamos bastantes canas: "Cuando el monte se quema, algo tuyo se quema", slogan al que el genial Peridis añadió la apostilla de... señor Conde, por aquello de los grandes latifundios españoles. España ya estaba muy quemada tras la incivil guerra, pero es una pena que, cuando llegamos a conquistar la anhelada Democracia, los políticos miren para otro lado cuando España arde por los cuatro costados, siempre echándole las culpas a los pirómanos, pero jamás a la desidia de los cuidados que las masas forestales deben tener los trescientos sesenta y cinco días del año. ¡Qué sigan, que sigan...!




jueves, 29 de agosto de 2013

DESDE MI TORRE: ROMANCE DEL 2013 DE UN MUSEO EN TRIANA



En versos escribo hoy: 
 macarrónicos, perversos,
 dedicando este romance
 a un museo que ya es viejo
 sin que haya abierto sus puertas,
  a pesar del mucho tiempo
que entraron dos mil peritos
en este local añejo,
el alcalde con su charpa
y cien curiosos del pueblo
de este arrabal de Triana, 
sabio y rancio, vino viejo,
que no se fía una pizca
cuando ve al Ayuntamiento.

Entraron los albañiles
tras el bombo del evento,
cubas, piquetas y grúas,
encofradores, yeseros,
arquitectos de alto rango
y paniaguados a sueldo
de un PP que prometía
su apertura en poco tiempo, 
porque Triana, la reina 
de todo el reino alfarero,
de la cerámica hermosa,
de los mejores maestros,
bien se merecía la gloria
de su vida en un Museo.

¡Qué maravilla decía 
Curro Pérez  -el pepero
en el barrio de Triana-,
iba a ser este Museo!
Iba..., porque siempre iba
más lento que el mes de enero.
El mes que viene, o el otro,
qué más da, si ya está  el techo,
los cables por sus fachadas,
sin ton ni son sus cimientos,
un zócalo que da pena, 
de Pladur sus paramentos,
sus vigas sustituídas
y a Kiernam quitao de enmedio.

Y seguimos esperando 
del Museo su misterio, 
su contenido, sus cosas,
maravillas y secretos; 
su torno de minerales,
sus hornos de historias llenos,
su estudio en la planta alta 
con pintores de los buenos
que llenaron de Triana
a España y el mundo entero 
con apellidos gloriosos
sobre retablos que hicieron
y que llena las esquinas
y patios de mil conventos.

El Museo de la Cerámica
va lento, lento, muy lento, 
aún más que un reloj de mármol
más que el tranvía de El Cerro,
más que una tortuga ciega,
más que el propio ayuntamiento
que dice: ¡Será mañana...!
pero pasan las semanas
sin que haya alumbramiento.
Se hace esperar el Museo
como una agüita de mayo.
Se está haciendo tan añejo
que cuando el parto esté a punto
hay que cerrarlo por viejo.


miércoles, 28 de agosto de 2013

DESDE MI TORRE: ¿ES RENUNCIA O ES MIEDO?


Cuando observo esta fotografía una y otra vez, y leo una y otra vez sus mensajes, y me paro en la reflexión de los mismos una y otra vez, y otra y otra, no sé si decirme a mí mismo que soy tonto o reírme a carcajadas angustiosas de este hombre que aparece delante de la pancarta. A esta gente -por no despreciarla con algunos adjetivos existentes en nuestro diccionario-, le convendría escuchar de vez en cuando, con el coro de voces de todos los andaluces -que algo saben de cante- el eslogan publicitario de la firma "Media Markt": el genial YO NO SOY TONTO. Porque por tontos nos toman estos avispados que se han llevado de las arcas hasta las bisagras; porque por tontos nos toman estos nuevos señoritos que viven mejor que los marqueses, condes y duques de la época medieval; porque estiman que somos tan gilipollas que nos tragamos de buena fe todos sus discursos; porque, en verdad, desconocen la realidad de los hombres y mujeres de la tierra que dicen defender...

Cualquier agricultor de la campiña le da una profunda lección de Agricultura, en dos minutos, al que necesita doscientos asesores para tenerlo informado de la campaña del tomate almeriense o de la fresa de Lepe. El más humilde barquero  de Triana sabe más del Guadalquivir que todos los paniaguados de gran sueldo de la Confederación Hidrográfica, que lo tienen totalmente abandonado. (véase el incendio del puente del Arenal de Córdoba el pasado día 7). Cualquier colono de las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas -incluyendo a todas las que conforman nuestros sistemas montañosos-, sabe más de generación forestal, de sistemas contra incendios, de cuidados de la flora y fauna que estos ineptos que sólo hacen rehabilitar antiguas posesiones forestales para convertirlos en hoteles de lujo a nombre de terceros.

La Andalucía democrática -esa esperanza de siglos-, con el PSOE sólo volvió a convertirse en una sociedad feudal, pero de tintes políticos. Los señoritos ya no eran bodegueros de Jerez, ni industriales sevillanos, ni olivareros jiennenses, ni arrumbadores de Montilla, ni armadores y patronos de Cádiz o de Isla Cristina, ni promotores de Málaga, ni dueños de agencias turísticas de Granada, ni amos de los invernaderos almerienses..., los dueños, los amos, los nuevos señoritos a "caballo" fueron abogadillos de segunda línea, gente que en su mayoría -y que se salve el que pueda-, lucían su progresía pero escondían en el ropero -por si acaso- la camisa azul mahón con el yugo y las flechas grabados en la pechera izquierda; fueron maestros de poco fuste, que en poco tiempo dejaron a sus mujeres para echarse queridas o novias nuevas; falsos intelectuales que acapararon tertulias radiofónicas y televisivas en defensa del Partido; mediocres que crecieron sobre al maizal del verano y sobre el trigo de la primavera. ¡Esta es, amigos, mi versión de esta nueva Andalucia, foradada otra vez, una vez más, por los vándalos que siempre nos dominan!

Griñán -al que afortunadamente no tengo ni el gusto ni el disgusto de conocer- no se va, no deja su cargo, porque crea que ha llegado su hora. El reloj se lo ha marcado la juez Alaya. Pero tanto es su miedo que, en vez de empezar a partir de ahora como un ciudadano normal, quiere aforarse en el Senado para que nadie pueda meterle mano. ¿Esas son las tramas de nuestra Política? Quien -presuntamente- roba, o se le acusa de graves irregularidades, debe dar la cara y someterse a la justicia ordinaria, como todos los demás: sea Presidente, Vicepresidente, Director General y miles de etcéteras. No puede ni debe existir una Justicia de primera y otra de segunda. Poder sí que se puede, pero en justicia no debe ser.

Ellos tienen abogados caros que son una joya. El pueblo, si acaso, abogados de oficio a los que no les pagan o tardan muchos meses en hacerlo. Y así va la cosa para los andaluces de pie.

Conste que a Griñán no lo conozco de nada -como ya he dicho-, ni que para nada tengo aprecio al PSOE, ni al PP ni a IU, ni a ningún partido político de sigla alguna, lo que, hasta el momento, me hace sentirme más libre. Tampoco odio o desprecio. Sólo espero de ellos que cumplan las responsabilidades políticas que prometen en sus discursos electorales. Lo demás es cuento. Y vuelvo a repetir que NO SOMOS TONTOS.

Griñán tiene miedo, tremendo miedo -como en la canción de Marifé de Triana-. ¿Alguna vez en la vida un hombre no tiene que echar -como se dice vulgarmente- dos bemoles? Pues venga, adelante, ex-Presidente. Es lo menos que espera Andalucía antes de que usted quiera aforarse -que debería ser anticonstitucional- para librarse de un posible juicio público en una Comunidad que se precia de ser más honesta que quien ha regido su destino tan estrepitosamente. 

lunes, 26 de agosto de 2013

DESDE MI TORRE: EL AMOR A LOS ANIMALES



Teníamos un gato siamés que compré a los niños cuando sólo tenía dos o tres días de edad y al que por sus hermosos ojos azules recibió directamente el nombre de "Azulón". Visitamos un ocho de diciembre de 1980 el tristemente desaparecido mercado de La Alfalfa sevillana, y allí que estaba esta maravilla de gatito que estaba vendiendo un fraile del Convento de San Lorenzo. Los niños se quedaron entusiasmados y, además, tristes porque el pequeño felino estaba metido dentro de una jaula mínima. Nos miramos Lola y yo, y los niños, a la vez, nos miraban a los dos para ver qué determinación tomábamos. Cuando vimos anhelantes esas miradas de ocho, seis y un año y pico del más pequeño, nos encogimos de hombros e iniciamos una de las historias más bellas de la vida de toda la familia. No fue barata su compra en aquellos lejanos tiempos: dos mil quinientas pesetas me cobró aquel buen clérigo por el capricho de los críos. Tampoco sé si fue cara su compra porque, salvando la de los canarios, a los que he sido muy aficionado, ignoraba cómo se movía el mercado de los gatos. 

Lo cierto es que desde el mercadillo, y dado que era el día de la Inmaculada, cuando los pueblos de la comunidad del Aljarafe estrenan el mosto de sus vendimias, dirigimos nuestros pasos hacia Villanueva del Ariscal, pueblo en el que tenía, y tengo, muchos y buenos amigos, y el gato fue la gran atracción. Nos fuimos pronto, ya que los niños estaban deseando ver al gato marcar su territorio en casa, darle el biberón de leche y cuidarlo. Desde entonces, varias generaciones conocieron a nuestro "Azulón". Los veterinarios que lo asistieron en su eutanasia, el día de fin de año de 2003, no daban crédito a que hubiese vivido tanto, considerándolo el más longevo de cuantos habían conocido. Mis amigos lo conocieron viviendo en mi domicilio de la barriada de Santa Ana -desde donde se cayó tres veces de un tercer piso sin pasarle nada-; en la nueva propiedad de la calle Alfarería -donde también aterrizó una vez desde parecida altura, con leves nagulladuras; y en Córdoba, donde finalizó su larga vida y ciudad en la que vivió ocho años. ¡Nuestro querido "Azulón"! 

Era el rey de la casa, y aún con la personalidad egregia de la grey gatuna, era muy cariñoso con nosotros y, además, gratuitamente, el termómetro de la casa. Donde en invierno se sentaba él, de seguro que era el lugar más cálido de la casa; si en verano, el más fresco. Eso sí, había que cerrar los ojos para no ver los arañazos en cortinas, sillones y elementos varios. Era el tributo que había que pagar para disfrutar de su belleza. Recuerdo que en Alfarería teníamos un pasillo muy largo y el suelo era de una porcelana blanca muy resbalosa. Para estirazar los músculos, más de una vez iniciaba su carrera desde la habitación de los críos hasta nuestro dormitorio, con una distancia aproximada de veinticinco metros. Cogía carrera, pero cuando quería frenar no podía y se metía un porrazo de órdago que lo dejaba medio alelado. Lo mismo le pasaba cuando intentaba atrapar una mosca posada en el cristal: se pegaba unos cates terribles creyendo que el cristal no existía. Viajó con nosotros a todos lados. No era nuestra mascota, era uno más de nuestra familia. Recuerdo cuánto lloramos mi hijo Emilio y yo en aquellos sus últimos días, y muy especialmente cuando él se encargo de llevarlo al veterinario para su último fin. Desde entonces, me prometí no tener más animales en casa, y eso que me encantan, aunque no cierro las puertas a que un día me dé por ahí y me enamore, como en aquella ocasión, de alguien que me haga la vida feliz algunos años más.

Mi hija Myriam -en la foto con la que he abierto la página- era una apasionada de "Azulón". Hace unos días, su hija, mi nieta Irene, me escribía un e-mail jubiloso contándome que en el jardín de la casa habían aparecido tres gatitos recién nacidos a los que habían puesto los nombres de "Manchitas", "Nieves" y "Dálmata". Se fueron de vacaciones, pero los gatitos, ya más crecidos, siguen habitando el lugar. Con el cariño que le tiene mi nieta -en esta ocasión, a Nieves-, es muy difícil que se vayan.

¿Cómo pueden existir tan malas personas que los sueltan en las cunetas de las carreteras cuando llega el verano? Me parece que fue el poeta Pepe Hierro, hablando de lo inhumano del ser humano, quien dijo aquello tan tremendo de: Se murió la esperanza / y siguieron viviendo, / sólo los perros mueren / al morirse sus dueños. También los gatos.


sábado, 24 de agosto de 2013

DESDE MI TORRE: SIRIA


Si ante estas imágenes escalofriantes que he elegido de entre miles no nos echamos a llorar al momento, es que algo está pasando por nuestro cerebro; es que estamos locos; o que ya estamos tan acostumbrados que no nos pesa el dolor ajeno. Los políticos de todo el mundo -apoyados por el Poder secreto del dólar- son los responsables de estas barbaries genocidas, ante las que vuelven sus míseros rostros y hasta sus infames declaraciones, y sus eternas e injustificables dudas. ¿Qué es eso de la llamada Comunidad Internacional? ¿Me lo puede explicar alguien? ¿Dónde la opinión sincera y combativa de todos los Presidentes de Gobierno del Mundo? ¿Dónde una reunión internacional de urgencia para juzgar como se debe a ese criminal sirio? ¿Dónde, en estos momentos, las palabras condenatorias del celebérrimo Papa Francisco? ¿Dónde las voces de los hombres y mujeres que poblamos el mundo y que en cualquier momento, cuando a alguien se le ocurra, podemos ser sus próximas víctimas? ¿No nos sobró con la Guerra Civil española, con la masacre de Hitler o, más cerca, con el inhumano genocidio de Uganda?

Todo es silencio, todo es protocolo de Estado..., todo es una farsa en este gran teatro de una tierra que sólo se ha encargado de devastar el hombre, bueno, los que se autonombran como grandes estrategas, como salvadores de países, como superhombres. Calla Estados Unidos, calla la vergonzante Europa... Los cinco Continentes callan desvergonzadamente. No es su guerra, no son sus hijos, apenas si son nadie en la política financiera mundial. ¿Qué importan...?

Y siguen los pueblos de España con sus fiestas a la Virgen en vez de poner un crespón negro a la entrada de todas las localidades, en las solapas de los hombres y en la pechera de sus mujeres. Y continúan todas las del mundo como si nada hubiese ocurrido en la faz de la tierra. Y sigue la Merkel ascendiendo al Poder de una nueva legislatura; y Rajoy y Rubalcaba tirándose los trastos a la cabeza por lo de Bárcenas; y el "salvador" François Hollande, que ha perdido todo el gas de hacer frente a las injusticias en pocos meses; y David Cameron, y el "superdios" Obama; y Putin; y Xi Jinpins; y Dilma Rouseff; y la Kirchner..., y la madre que los parió a todos, responsables -ya que lo son del orden mundial- de estas masacres indiscriminadas ante la que los pobladores del mundo no podemos, ni debemos, callarnos.

¿No os duelen estas imágenes que he seleccionado aleatoriamente de diversos medios mundiales?







Es para que todo el mundo se hubiese echado a la calle pidiendo la cabeza de todos sus gobernantes. Pero está claro que el mundo sólo se tira a la calle cuando llegan los Mundiales de Fútbol, el mayor opio del orbe. Aquí nadie se mueve para nada. Mañana puede pasarnos a nosotros por los intereses internacionales, pero no nos damos cuenta, no queremos darnos cuenta. La injusticia mundial se nos pega a la epidermis, pero pocas veces al alma. Si esto es una Comunidad Internacional que debe velar por todos los derechos de la Humanidad: ¿por qué no nos rociamos nosotros mismos con el gas "Sarín"? Al menos sería un acto voluntario.

¡Vaya mierda de mundo!

jueves, 22 de agosto de 2013

DESDE MI TORRE: "LA RUTA DE LOS 24"



Todos aquellos que me conocen saben que soy un absoluto vago para conducir, que no me gusta el coche, que le doy de lado cuando hay otra forma distinta de llegar a los sitios, o amigos que me lleven. Menos en los autobuses, a los que tengo terrible pánico, y no sé por qué, soy capaz de ir en avioneta a Sevilla, o en globo, o en moto; pero el coche me cansa y aburre y temo a los autocares. La prueba está en que jamás le he realizado a un coche 100.000 kilómetros, aún en mis muchos y largos años recorriendo la geografía de los festivales flamencos veraniegos. El que ahora tengo -hay que decir que desde hace 11 años, un Renault Laguna, tiene tan sólo 60.000- siendo de gasoil está de auténtico estreno, y se hubiese podido oxidar en el garaje si no llega a ser por el nacimiento de mi Lola, esa cangrejita hermosa a la que voy a visitar todas las mañanas.

Cuando camino hacia donde vive mi hijo, deseando de tenerla en mis brazos, besarla y abrazarla, voy loco de contento y vuelvo lo mismo de loco. A esta tarea cotidiana, a la que me entrego saliendo de casa sobre las 10'30, le he dado en llamar "La ruta de los 24": doce kilómetros justos para allá y también doce justos para casa. Si algún día me hubiesen dicho que por devoción y amor yo iba a hacer ésto, y en coche, hubiese tomado por loco al que lo pronosticara. Y, sin embargo, ya me ven: ida y vuelta para un rato, un acunamiento en mis brazos, un beso y mil piropos. Y vuelvo a casa hasta más joven, con el alma abierta al día y con la ilusión de que Dios me conceda siempre un día más para hacer lo mismo. ¡Mi Lola, mi cangrejita, mi niña! Si hay que quitarle la "cacota", se le quita, se le cambia de pañal, se la limpia, y no pasa nada; si me echa en un eruptito un poco de leche, pues se cambia de camisa; si se tira un "peíto", ese es para el abuelo. ¡De qué forma me ha cambiado la vida, con lo flojo que siempre he sido, y soy, para coger el volante!

Mi hijo Emilio, con la guasa que tiene -no sé a quién se parece-, me dio una broma genial al enviarme una copia del llamado Libro de Familia con la inscripción la la niña como "Lola Triana", lo que me chocó en demasía por nombre tan artístico, y que me desmintió un poco más tarde -casi el tiempo justo- para que no lo publicase en este blog. ¿Hay guasa de la gorda? Las cosas del "Photoshop" y la sal gruesa.


Me ha hecho barbaridades con ella, y eso que hasta mañana no cumple el mes, como en este fotomontaje donde la niña, mi Lola, ya está haciendo declaraciones para los medios internacionales diciendo que nació bien, que tiene a unos divinos padres y al abuelo mejor del mundo. Como siga así, esta niña sí que va a llegar, por méritos propios, a presidir la Junta de Andalucía en un mañana próximo.


Esta familia no tiene arreglo con tanta guasa de por medio. La verdad es que todos le echamos buena cara al mal tiempo. ¿Hay algo mejor? En nuestra familia, desde hace muchos años, tienes que tener mucho cuidado con lo que dices. Si te enrollas mucho contando un tema que ya está aburriendo a todos, tantos hijos como nietos cogen lo primero que tienen a mano, simulan una cámara y te graban, entonando todos, al unísono, la antigua música del NO-DO: tararí, tararí, tararí, ta tí, ta tá, tá tí, tarará, rará, tarará..., ante cuyo gesto claudica cualquiera. Si te has pasado en una opinión, o estás en contra de la mayoría, te  suena potente el himno de la familia: ¡Date el bote, caradura, pom, pom, sacúdete: feo, carota, cemento, ladrillo, adoquín, uuuuuuuffff! Vergüenza, como digo, la mínima. Y desde hace algún tiempo han puesto de moda el que no puedas despistarte en absoluto cuando te preguntan algo o piden tu mirada. Ejemplo: ¡Mira, papá, que te he comprado ésto! Claro está que tú miras, y cuando lo haces te encuentras a tu hija, a tu hijo, a tus nietos -que son unos miscurris- con los dedos de la mano unidos entre sí dándote lo que ellos llaman un "pon".


Cada uno con su carácter, pero todos geniales, mágicos y superdivertidos, a pesar de alguna que otra lógica bronca familiar. ¡Una familia para tener cuidado con ella! A mí, la que he dado en llamar "La Ruta de los 24" me hace más feliz cada día. Tiene bemoles que una niña con apenas un mes me haga ponerme al volante para ir a visitarla. Ya mismo, en el momento que pase la "cuarentena", seguro que me hace su primer "pon", me tararea la música del NO-DO tomando como cámara el biberón, o me canta un "Date el bote..." para llevarla a "Operación Triunfo". Al menos, mi coche -que se ha movido siempre menos que el Ministerio del Trabajo-, está feliz con su rodamiento, y yo con la plena felicidad de ver y besar a mi nieta.


miércoles, 21 de agosto de 2013

DESDE MI TORRE: ¿ESTÁ CAPACITADA ESTA MUJER PARA EL CARGO?


Conste -aunque todos los que leéis este blog lo sabéis- que no estoy atado, ni por filiación o devoción, a ningún partido político. Lo que quiere decir que me da igual alabar o criticar, o dejar de hacerlo, a unos y otros según lo que hagan y cómo. Esta fotografía de Susana Díaz -la que al parecer va ser a la Presidenta de la Junta de Andalucía-, fue tomada en la sede de la Tenencia de Alcaldía de Triana cuando ella representó ese cargo de Delegada (2003-2004), con más penas que glorias, y en cuyo desarrollo no dejó ninguna huella de su memoria para beneficio de tan insigne y viejo arrabal. Sus conversaciones me dejaban más vacío que un saco de marihuana revisado por la Guardia Civil. Creo que había mucho aserrín de las antiguas carpinterías de la calle Tejares en un cuerpo que -claramente por la juventud- aún estaba ciertamente modelado. Del ayer al hoy ha pasado mucho tiempo,  aunque no tanto, pero lo que aún no me explico, no me lo puedo explicar, por muchas veces que pase la película en el telón de mi memoria, es cómo esta mujer, más bien básica, ha podido llegar a lo más alto de esta gran Comunidad Autónoma para regir sus destinos.

Dios y ayuda me costó, durante más de cuarenta años de trabajo -cuarenta y uno y medio justos, para ser concreto- llegar a tener un modesto cargo en mi empresa, pésimamente valorado y peor pagado: ¡Artistas! A esta chica sólo le ha servido ser fiel, constante, machacona y presencial en un partido político para lograr la gloria. ¿No fui yo fiel con mi empresa? Pero la Política es otra cosa, para qué engañarnos. Su biografía tiene menos datos que la de "El Bizco Amate", y sus vivencias -tan sólo dentro del seno del Partido- se quedan en nada si la comparamos con la del gran amigo tabernero -desaparecido para la vida en enero del pasado año- Pepe "Peregil".

Creo que Susana es un invento del PSOE/A, pero un mediocre invento. Menos mal que lo están poniendo a prueba con gaseosa, aunque bien es verdad que no sabemos cuánto nos va a costar esa "gaseosa" de una mujer lisa, sin currículum apabullante, subida al Poder por Griñán, que ha querido quitarse del escenario político andaluz para que no le corte la cabeza las alas de la avioneta de los EREs.

Andalucía, mi territorio, esa comunidad a la que tanto amo y que tanto tenemos que defender para desmontar sus mitos, esta vieja y rancia Andalucía, tan acostumbrada a pernadas de todos los que por aquí pasaron, tierra de artistas admirables en todos los géneros, creo que siempre se ha sostenido a sí misma por su carácter, estimo que mágico, por su fuerza, y por la laboriosidad de sus hombres y mujeres. Nadie vino a defenderla, sino a apoderarse de ella con los medios que fuese: con armas bélicas o con votos pagados. El PSOE se llevó de aquí lo mejor de nuestras ubres a base de regalías -como ya antes habían hecho los Austrias y Borbones-, por medio de subvenciones para salir votados una y otra vez. Ochenta y siete mil y pico de kilómetros cuadrados conforman esta región, la mayor de España y una de las mayores de Europa, mayor que muchos países,  con pueblos que doblan o triplican la población de muchas ciudades españolas; hasta barrios, como el mío de nacimiento, Triana, que supera en habitantes -ya no hablamos de Arte en general- a muchas poblaciones con capitalidad...

Pero nadie tomó en serio a Andalucía, ninguno de sus políticos tras la merienda de la recién llegada Democracia. Volvieron de nuevo a los tiempos feudales, a las amistades eternas, al reparto de reinos, ducados y marquesados. Los que quería abolir el sistema, sencillamente se volvieron a meter en el sistema: cenas de galas, conocimientos y amistades con duquesas y maestrantes, visitas a palacios. ¿Y el pueblo? El pueblo -desgraciadamente tan analfabeto-, vivía en la gloria con estos nuevos reyes que les ponían un polideportivo a pie de casa; una piscina climatizada; unos juegos gimnásticos en parques infantiles para octogenarios; unos viajes a Tenerife o Mallorca que eran un bombón; unas rumanas que llevaban sus carritos por los bulevares de las ciudades y de las calles principales de los pueblos... ¡Tiempos idos desde que voló el último billete de 500 que había en las arcas! 

Yo, a mi edad, no le tengo miedo a nada, y quizás la muerte -después de la mi mujer- sea la máxima felicidad que pueda ocurrirme. Pero, mientras siga vivo, sí le tengo miedo al diario porvenir, el de mis tres hijos y el de mis cinco nietos. ¿Es éste el futuro que les he dejado? ¿Ésta ha sido mi herencia? ¿Para tanta desvergüenza  me he roto en trozos luchando por la Libertad?

Temo que Susana Díaz no tiene la capacidad suficiente para regir nuestro destino, entre otras cosas porque creo que la coge un mediocre becario de la Universidad más normalita y la funde en dos segundos. Esa es mi opinión particular. Pienso, siempre personalmente, que esta chica no está preparada para regir los destinos de una Andalucía en la que habitaron todas las generaciones del mundo: tartesios, íberos, celtas, fenicios, cartagineses, vándalos, alanos, romanos, musulmanes, judíos, cristianos, conversos  y perversos..., gente de bien y gente canalla de nuevo cuño que nos rompieron a todos las esperanzas más íntimas.

Mas, si se desconoce aquello: ¿qué va a decir Susana Díaz de los escandalosos trapicheos de los EREs, de los temas de Mercasevilla, de las partidas sin control, de cómo gente sin relieve alguno, por el simple hecho de ser políticos -como ella-,  se convirtieron en amos, dueños y señores/as de Andalucía con disfrute de posesiones, millonarias, a costa del Estado, del erario público, como en los tiempos de Franco, en las Sierras de Cazorla y Segura, en todo el litoral andaluz, en los sitios más hermosos de nuestra diversa y gran geografía.... ¿Qué puede saber esta mujer del contencioso con Gibraltar, al menos que meta trescientos asesores que la apoyen...? ¿Y quién pagará a esos trescientos asesores? Pues las quitas a la Seguridad Social, a la Educación, a las pensiones, al estado del bienestar. Ni más ni menos.

Creo que cuando alguien se va, pero se le ha votado, debe hacerse una nueva elección y no nombrar a dedo al sustituto. En España, y muy singularmente en Andalucía, ya da igual todo. Se nombra a dedo a quien haya que nombrar, como hacían los antiguos cardenales del Vaticano, o como en nuestros tiempos lo hizo el propio Aznar. Pero, dentro de lo malo,  claro está que no es lo mismo designar como sucesor a un eximio político/a, a un hombre -o mujer- libre, inteligente y con más que demostrada valía que a esta mujer -para mí que muy inmadura-, para regir los destinos de la mayor Comunidad de España y, por supuesto, la que va en la cabeza del paro y de otras tristes estadísticas.

Todas estas palabras me las meto por donde la espalda pierde su honesto nombre si Susana Díaz, a la que le deseo lo mejor, defiende a Andalucía con la misma pasión que yo lo hago desde esta página y muchos millones de andaluces.


viernes, 16 de agosto de 2013

DESDE MI TORRE: ¡UNA, DOS Y TRES, POLLITO INGLÉS!


El gobierno de nuestro país no sabe qué hacer para distraer el asunto de Bárcenas, los cientos de cierres diarios de pequeñas y medianas empresas, las cifras del inaguantable paro, la pobreza que, como en los años de posguerra, se asoma de nuevo a nuestras calles, la hambruna de muchas familias, los suicidios de algunos desesperados desahuciados, el sin vivir continuo de una población desgraciada que se encuentra más desamparada que nunca, entre otras cosas porque los del Partido que hoy rige nuestros destinos -cierto es que con las urnas a favor- están haciendo todo lo distinto de lo que prometieron.

¿Manera de marear la pelota para que nadie piense en estas cosas? Como siempre, ahí está el recurso de Gibraltar: española, española y española..., esa roca erguida que no deja de dar por culo de enfrentamiento patriótico y diplomático  desde hace justamente tres siglos, tras el llamado Tratado de Utrecht. Muchas veces, cuando las cosas han pintado bastos para España, en dictadura o democracia, se recurre al Peñón como enseña patriótica, intentando envenenar nuestra visión con un odio y desprecio hacia la Gran Bretaña. Ya lo hicieron poetas pagados por el Régimen y mediocres escritores de tercera fila. Pero nada ni nadie ha cambiado aquel tratado tan clarito de música y letra. 

De nuevo ahora, en estos días convulsos de declaraciones de políticos en la Audiencia Nacional, cuando el gobierno español está contra las cuerdas, salvándose milagrosamente del KO por aquello de que estamos en el mes de agosto, salta Gibraltar a la palestra, para que todos los españoles -bueno, todos no, sólo los nostálgicos- sigan gritando las consignas de aquellos tiempos nefastos: ¡Gibraltar, español; Gibraltar, español; Gibraltar español...!

Se me viene a la memoria aquella manifestación franquista de cientos de paniaguados alrededor de la verja, en la que un cojo iba el último vociferando la consigna, al que se dirigió un mariquita, ciertamente con mucha gracia, que le espetó: -Pero, cojo, hijoputa, ¿cómo pides el Peñón si no sabes andar por el llano?

Lo mismo está ocurriendo en nuestros días. ¿No estamos en la Unión Europea para que esto se resuelva sin alharacas? Ellos han tirado unos bloques de cemento en aguas de todos; nosotros, los barcos de la bahía, están concentrados para sacarlos mañana. Un buen cachondeo circense. ¿Quién da más, señores?

El pollito ingles -uno, dos y tres-, tiene guasa, tela de guasa del telón, pero la diplomacia española tiene el justo diámetro para llevar una gorra campera. 

Me encantaría que este debate entre nuestro país y el otro -¿es comunitario, a pesar de sentirse siempre más americanista que europeo?- no se emplease para distraer a tantos miles de españoles del tema principal. No creo que deba recordarlo de nuevo a nuestros gobernantes, aunque siempre es bueno dar en el mazo dos veces: el paro, la eliminación de todas las garantías laborales, los desahucios injustificados, la corrupción política, la tristeza general de un país tan maltratado y trabajador, la hambruna que avanza..., ¿sigo?

A Gibraltar, bien pueden metérsela en sus "partes nobles" tanto ingleses como españoles. Cuando se elimine todo lo anterior, quizás, quizás, quizás, como en el bolero, nos acordemos de que ese cacho de tierra es nuestra, aunque sólo en teoría.


jueves, 15 de agosto de 2013

DESDE MI TORRE: DE SEGURO QUE LA CULPA LA TENEMOS NOSOTROS


¡Qué gran trilogía de honor para la historia más reciente de España! ¡Qué pena de trío de ases al que un juez, el señor Ruz, se empeña en que declaren, ignorando quizás lo honestos que son..., y lo listos! Si son unos angelitos, hombre. Si es que el dinero les da igual, le tienen repulsa a ese papel timbrado que se llevan para que no vuele con el viento, para que no ensucie las calles...

¡Mecachis! Mírenle las caras, que parecen recién hechas en una Primera Comunión. La honestidad les cae por todos los perfiles de sus rostros. Son nata pura, decencia ejemplarizante, suma de los valores más íntegros de la Patria. ¿Qué ellos han cogido sobres? ¿No lo cogen todos los días los carteros, y no por eso tienen que declarar en la Audiencia Nacional? Ah, ¿qué estaban llenos de dinero? ¿Pasa algo? ¿Que era  "negro"? ¿Tiene usted algo en contra, pedazo de racista?

Pero, hombre, si son tres enseñas nacionales, lo más digno de nuestra Democracia, los paladines en la defensa por los contratos laborales, por la lucha contra el paro, por la defensa de una vivienda digna, porque todos los españoles sean defendidos políticamente por ellos y sean iguales ante la Ley... Son tres modelos, tres, como "Gitanillo", "Manolete" y el mexicano Arruza, como La Pinta, La Niña y la Santa María, como las tres moritas de Jaén, como Quintero, León y Quiroga... Pero modelos de verdad en el buen hacer y la preocupación por el pueblo al que representan. ¿No observan esa mirada niña e infantil de Cospedal, libre de cualquier sospecha mínima? ¿Y la de Álvarez Cascos, que aunque con cara de bruto es lo que siempre se ha denominado como un "bruto noble"? ¿Y la de Arenas, tan sencillo, tan bien plantado y tan guapo, con lo que ha sufrido el hombre para alcanzar un día -sin lograrlo nunca- la presidencia de la Junta de Andalucía...?

Se ha equivocado el señor juez queriendo ver que ellos han tenido que ver algo con este asunto de Bárcenas, otro pobre español al que están crucificando por llevar unas cuentas con falta de memoria. ¿Es eso delito? ¿No lo es que un trabajador -que dice que tiene la pierna rota- se escaquee del puesto de trabajo por varios días, porque lo dice una radiografía que de seguro ha salido movida? ¿No lo son las quejas, sin motivo, de los que no saben subsistir con 426 euros al mes? ¿No es delito que los que dicen que tienen hambre acudan a las puertas de "Cáritas" y de otras organizaciones...?

No, el juez Ruz, equivocado, cree que la culpa de este caso de distraimiento de dinero la tienen ellos: los del PP -Patria y Patria-, y por eso, injustamente, los cita a declarar como testigos, teniendo que soportar estos ángeles de la guarda los improperios de la turba a la puerta de la Audiencia: ¡¡Cospedal, Cospedal, a Soto del Real!!, ¡¡Arenas, ladrón...!!, y lo mismo al franciscano Cascos... ¡Qué país, Dios!

No nos queremos dar cuenta de que la culpa la tenemos todos nosotros, la turbamulta, los indeseables del Poder, los que exigen sus derechos -¿derechos?-, los que increpan, la mosca cojonera del pueblo llano que no tiene para comer. Y está claro que sí, que la culpa la tenemos todos nosotros, y me imagino que no tengo que recordarles por qué... ¿Se olvidan de algo a lo que llaman "urna"? Pues eso.

-¿Entonces estas tres criaturitas cándidas no tendrán ninguna pena judicial? -¡Ninguna, imbécil, no ves que son aforados y son intocables!

-¿Y política? -Tampoco, que tienes la gusta inteligencia para arrear pavos. ¿No ves que los políticos sólo intentan hacerse daño en el estrado, pero después se ponen "púos" a costa nuestra en la más hermosa de la fraternidad y en los más elegantes restaurantes?

-¿Qué pasa entonces? -Pues lo de siempre, gilipollas, que nosotros nos comemos el coco y ellos el caviar. Mañana, pasado, cuando lleguen las elecciones, nos chillarán desde los micrófonos, nos asaltarán desde las vallas publicitarias de ciudades y pueblos, nos prometerán el oro y el moro. Y será verdad: nosotros siempre nos quedaremos con el moro que viene de Marruecos a buscar el trabajo, y ellos con el oro, metidos en sobres con billetes de 500 euros. Y no se le ocurra decir nada, porque ellos nada saben, ni nada recuerdan: las culpas al "Tesorero". Y pregunto yo, inocente, ¿Si no saben vigilar y saber qué hace el Tesorero, pueden saber llevar los destinos de este país?


DESDE MI TORRE: EL DÍA DE LA SEÑORA


El día 15 de agosto es un día muy "señalaíto" en gran parte de los pueblos andaluces: el Día de la Virgen. Pero en Sevilla es excepcional. Sobran aquí, saliendo por la Puerta de los Palos, todas la cofradías de la Semana Santa. Ella es la protagonista de las miles y miles de miradas que en Ella se concentran en la plaza que lleva su nombre. La Virgen de los Reyes, adornada de nardos, se va a encontrar con su pueblo cuando el primer rayo de sol de la mañana roce levemente su rostro, antiguo y viejo.

Le tengo especial devoción, y el caso es que no sé por qué, si porque mis padres me la inculcaron desde pequeño o porque, como profundo sevillano sé que en Ella radica parte de mi pobre fe. Lo cierto es que cuando voy a Sevilla -y lo he comentado muchas veces en este blog-, desde la estación de Santa Justa -que ignoro también por qué le quitaron el nombre de su hermana Rufina, ya  que son indivisibles como Fernanda y Bernarda de Utrera, o Matilde Coral y Rafael "El Negro", o Montilla y Moriles-, cuando llego a mi ciudad lo primero que hago es coger un taxis que me lleve a los pies de la Giralda: la toco, la palpo, beso sus sillares, la miro hasta el cielo desde mi humildad de paseante y me encamino hacia la Capilla Real, donde Ella está, majestuosa, para recibir mi plegaria, casi todas iguales, como la que dejé ante su planta el 21 de noviembre de 1997, cuando ya llevaba dos años huérfano de su mirada:

Llego a la ciudad bendita
y el alma entera me vuela.
Sin Giraldillo,
sigue la Giralda esbelta.
Sin campanas,
igual de alegre que en fiestas.

Toco sus sillares nobles
y mi cuerpo se cimbrea
como un junco de nostalgia
anclado siempre a sus piedras.
Por la Puerta de los Palos,
lentamente voy a Ella:
a la que es Reina de Reyes
mi alma en silencio le reza.

¡Si volviera, Madre mía,
ay, Madre, si yo volviera
de nuevo a esta luz azul,
a pisar un día mi tierra
para no dejarla nunca.
Ay, Madre, si Tú quisieras!

No ha podido ser hasta ahora, que es cuando más lo necesito. Pero los designios hay que dejárselos a Dios, que es quien sabe de esto. Hoy, en mi cercana lejanía, cuando Ella arome las plazas y calles de Sevilla, oiré con suma atención, resbalando una lágrima por mi rostro, la más bella composición poética y musical que jamás le hayan dedicado al estilo de "sevillanas" de la tierra, con hermosa letra de Jorge Fernando y música de mi querido amigo Manolo Calzado. Si tienen ocasión de encontrar esta relativa vieja grabación, os la recomiendo de veras. El grupo que tuvo la feliz idea, con unas voces magníficas, fue "No-madeja-do", y la editora fue Ediciones Musicales Horus, grabado en Sevilla en 1988, hace justamente 25 años. No se pierdan esta belleza sinfónica, cuya hermosa letra decía así:

I
Suena el himno de Sevilla
desde las altas campanas.
Concierto de la Giralda
sobre el azul pentagrama.

La luz estalla en la fuente,
y al abrirse la mañana
naranjas de oro y de sueño 
se despiertan en las ramas.

II

La Virgen sale despacio
y el Sol le busca la cara.
El Niño ríe en sus brazos,
ya se fue la madrugada.

Que bajen los serafines
con sus trompetas de llama
y vean cómo Sevilla
se despierta esta mañana.

III

Quién pudiera, costalero,
poderla también llevar.
Vestir esa ropa blanca,
a pulso las "levantás".

Quién como tú, costalero,
poder sudar y sudar,
sentir Sevilla en los hombros
chicotá tras chicotá.

IV

Mañana será la Virgen
Tristezas o Caridad,
Quinta Angustia de María,
Amargura o Soledad.

Mañana será otro día,
porque la vida es pasar.
Mientras tanto, las campanas
que no dejen de sonar.

(ESTRIBILLO)

Por Ella reinan los reyes,
por Ella el alma se inflama,
por Ella dice un escudo
que Sevilla es mariana.


martes, 13 de agosto de 2013

DESDE MI TORRE: CUIDADITO, CUIDADITO...


Sólo es por avisar del día, que no otra cosa quiero hacer cuando pido que se tenga cuidado. La fecha no puede ser peor, aunque muchos digan que ese es su día de suerte. Como dijo "El Guerra" -célebre torero cordobés y segundo Califa de este gremio-: -¡Hay gente pa tó! Pues para aquellos a los que les gusten este guarismo y día, felicidades; pero para los que se nos erizan los vellos de los brazos tan sólo con nombrarlos, calma, serenidad y temple, con el deseo de que el día pase pronto por las esferas de los relojes y un día nuevo nos amanezca. Miren en este mismo blog lo que me pasó tal día como hoy de hace dos años, un día que jamás quiero recordar. 

Precauciones esenciales son las de salir de casa con el pie de derecho. Si ha salido, ha cerrado la puerta y no se acuerda con qué pie lo ha hecho, vuelva a abrir la puerta, vuelva a entrar, cierre, abra de nuevo, y siga el consejo: pierna derecha adelante y con mucha firmeza. Entre en el ascensor con la misma pierna y dele el mismo uso al salir de él. Lo mismo en el portal de la casa. ¡Ea, ya está usted en la calle! Pero, ojo, que este día no es igual a los demás. Vaya con la mirada atenta a las cornisas de las fachadas, a las cacas de los perros, a las ramas de los árboles que no cuidan jamás los ayuntamientos, a los ciclistas locos -que casi todos lo están-, evite los cruces, a los bizcos, tuertos, jorobados y cojos. Si se les atraviesa un gato negro: vuelta rápida de camino a casa, que es lo mejor. No tome ninguna bebida en vaso de plástico, ni acepte el cambio de un billete doblado. ¡Hágame caso, que tengo una matrícula de honor en un máster que hice sobre el tema!

No vea a Rajoy por la tele -en la calle ya es difícil, porque no sale para que no le abucheen-, evítelo, porque tiene el cenizo en lo alto; ni a Rubalcaba -el trilero mayor del reino-, que puede transmitirle una cefalea crónica; ni a Cayo Lara; ni a nadie que haya dicho que va a intentar salvar al país por medio de la política. Y si ven a la Cospedal, huyan hasta llegar a Noruega, porque es que tiene más peligro que un cable ardiendo...

Si ven a un cura -con sotana o sin sotana-, recomiéndese a lo primero que se le ocurra; si a un Obispo, acelere ágil, porque es que puede pedirle el piso en nombre de Dios para "obras de caridad", entiéndase gambas, langostinos, solomillos y buen "guisqui" para su coleto.

Dude de todo y de todos en este día fatídico que nos marca el almanaque de vez en cuando. Tome dos tableta completas de "Tranquimazín" en este día odioso. No coja el teléfono, no conteste a ninguna llamada, no lea la prensa. Es un consejo. Usted puede hacer lo que le venga en gana. Ya me darán la razón, y es que este día está cargado de mal fario, de mal bajío, de malafollá, de muy mala leche.

Y el que advierte, no es traidor.

domingo, 11 de agosto de 2013

DESDE MI TORRE: UN SUEÑO DE AGOSTO



Ayer, a mi hora habitual bajé a la calle para desayunar. No había nadie. No pasaba ningún coche. Ni una sola persona se movía por su aceras. El restaurante cercano estaba cerrado y sus dueños y trabajadores en la puerta, sin una mueca de sonrisa, sin cartel alguno, sin expresión que delatará el por qué. Pregunté, pero no me contestaron, ni siquiera me miraron a los ojos. Parecían las estatuas descubiertas en China en 1974, en homenaje a Qin Shi Huang, primer emperador del territorio que no quiso morir abandonado y se rodeó de 7.000, guerreros y caballos de terracota. Creí que era una broma de mis vecinos, pero llamé a la centralita de taxis para acercarme a la próxima estación del tren de alta velocidad que pasa casi por mi puerta. Nadie me respondió a las innumerables llamadas que realicé. Recorrí los casi seiscientos metros que me separan de ella y, cuando llegué a su imagen de hormigón y cristales, observé que todos los trenes ocupaban los ocho carriles de sus vías, y que maquinistas, interventores, azafatas, cuerpo directivo, operarios, chicas operadoras del  "Renta Car", camareras, guardias de seguridad, taxistas, conductores y empleados de las líneas de autobuses, limpiadoras, mozos, vendedores de prensa, restauradores, personal encargado de atención a los minusválidos, policía secreta, sedentarios que encuentran en la estación su propio hogar, y viajeros que se encaminaban a diversos destinos, se encontraban todos en el más absoluto silencio y seriedad. Los trenes, en su vías. Los demás, en la amplia explanada, sin un gesto que pudiera definir su estado; sin una bandera de sindicatos con las siglas de UGT y de CCOO, sin ninguna enseña republicana, ni de la bicolor, con águila o con el escudo real. Nada de nada. Figuras de terracota, silencio inmenso. Ni los pájaros soltaban sus trinos por el gran vial de la ciudad. Me sentí acojonado, y me preguntaba qué pasaba, qué coño estaba pasando. Llame, nervioso, al 091, al 092, al 112..., y nadie respondía a mis llamadas urgentes. Me creía borracho, porque no sabía fijar mi horizonte. Encaminé mis pasos al centro de la ciudad, y me encontré con más hombres y mujeres y niños -tal como si fuesen figuras silentes- a las puertas de los pequeños y medianos comercios, de los grandes almacenes, de la Tesorería General de la Seguridad Social, del inmenso edificio de Hacienda, del Ayuntamiento, del Gobierno Civil, de las inmensas terrazas de los bares, de las múltiples oficinas bancarias: el BBVA, La Caixa, el Barclays, Cajasur.... Desde los botones al director, todos en la puerta, con los ojos perdidos al infinito, hondo el silencio y enervada sus figuras. Casi me derroté, pero aún tenía una esperanza: que las iglesias estuviesen abiertas y pudiera preguntar a Dios qué es lo que pasaba. Por San Hipólito, por San Nicolás de la Villa, por San Lorenzo, San Pedro y San Pablo, por Santa Marina y San Basilio, curas, arciprestes, acólitos, monaguillos y feligreses, fervorosos de toda la vida, católicos de misa y comunión diaria, todos en la puerta, con la mirada abandonada al cielo, con la piel de arcilla recién hecha en los cercanos hornos de La Rambla...

Intenté llamar a mis hijos a Sevilla, más que nada para comprobar si era una mala pesadilla lo que me estaba pasando o si era una triste realidad a la que no sabía poner nombre. Todas las formas de acceder a las nuevas tecnologías estaban cortadas. Ni una señal en los teléfonos móviles. Me fui directo al ordenador para conectarme con ellos, pero ni siquiera el ordenador iniciaba su programa de arranque. Me empezó a llover el miedo de si tenía o no comida guardada. Fui al supermercado próximo y amigo y me encontré en su linea de cajas con cerca de docientos empleados que no miraban a los ojos, sino a alguna nube que yo no pude intuir en aquel sótano. Muerto de miedo, me encaminé al céntrico cuartel de la Guardia Civil, y todos estaban en la puerta con la misma expresión, cual si sus hombres, o números, como así le llaman, fuesen una calcomanía de lo ya vivido. En verdad, en ese momento sí que me entró el espanto. La ciudad estaba muerta. O, quizás, más viva que nunca. La sociedad, me pareció, había tomado una global forma de poner su especial cara al Poder: la de no enfrentarse a él de forma violenta, partidismos y banderas, sólo con el silencio más sepulcral que uno pueda imaginarse, la de aniquilarlo con una puñalada de auténtico silencio.

Tal vez era sólo yo quien deambula por las calles, con los ojos abiertos de par en par, deseando de que alguien me invitase a ponerme a su lado. Pero todos formaban una legión de estatuas solemnes, como las de Bernini o Mercadante de Bretaña. Opté por ampararme bajo la gran copa de un castaño de indias, en el que no trinaba ni un solo pájaro y en el que parecían carecer de alas las chicharras. Creía que todo era una puesta en escena de la que yo no me había enterado, el rodaje de una película del aventurero Steven Spielberg. Pero ni una sola cámara, ni extras en la cola de ningún plató, ni ayudantes, maquilladores, productores y estilistas. Nadie. El único plató era el las calles vacías, preñadas sólo de estatuas humanas que miraban al más próximo horizonte.

Me pregunté por mis adentros y dije: -Ya van a aparecer los tanques como por las calles de Valencia en el golpe de Tejero. Nada, sólo silencio, mudez espantosa. Estaba muerto, pero de miedo, de algo que me sobrepasaba, que no había vivido jamás, quizás como nuestros padres viviesen por primera vez el rugido de los aviones sobre las azoteas de sus casas en la incivil guerra. Me invadió la tristeza más absoluta y en verdad que deseaba esa muerte pronta que piden los que ya saben que nadie ni nada puede salvarles.

De pronto, como un milagro, bajo la sombra del árbol acogedor, pude observar a personas nerviosas con trajes caros y de estilo -la mayoría de Boss y Zegna- que salían tímidamente de sus cuevas, de sus despachos de atractivo y pulido nogal, queriendo tirar de aquellas personas inamovibles, rogándoles que volvieran a sus puestos y prometiéndoles que les pagarían lo que ellos quisieran. Nadie se movía de entre la prieta masa, mientras que ellos, como unos pordioseros, seguían insistiendo en su afán. De pronto, como si una vara mágica hubiese aparecido en el Universo, todas las grandes concentraciones desaparecieron. No había nadie en las puertas de ningún edificio. Se habían disipado en el espacio. Sólo quedaban aquellos ricos hombres que ya no tenían la posibilidad de mandar a nadie, de que nadie los temiera ni les obedeciera por un mínimo jornal. Lloraban como desesperados, sabiendo que a partir de ahora ellos iban a convertirse en auténticos esclavos.

Comencé a sudar cual si una alta fiebre recorriese mi cuerpo. Quise morir en ese instante o haber desaparecido como todos. Mientras estaba luchando conmigo mismo, los ruidos de los coches tempraneros lograron devolverme de mi pesadilla. Los esclavos de siempre, los de todos los días, caminaban a sus puestos de trabajo para dejarse explotar por un mísero sueldo y con la espada del despido sobre la nuca. Todo era igual que siempre. Las calles se iban llenando de gente amargada, pero cumplidoras de su esclavitud...

Tardé mucho en aclimatarme a la nueva verdad. Me di una ducha fría y sentí correr por mi cuerpo el agua a borbotones. Nada fue verdad de lo soñado en aquella terrible noche de agosto. El calor, y el estado del país, algunas veces produce estos sueños monstruosos.


jueves, 8 de agosto de 2013

DESDE MI TORRE: AQUELLOS RECUERDOS DE "LA PUNTILLA"


Parece que fue ayer, y ya han pasado 57 años de esta fotografía en la hoy desconocida playa de "La Puntilla" de El Puerto de Santa María. El tiempo y la avaricia, la mano de la especulación se encargó de borrarnos el paisaje de esta playa entrañable, aunque nada pudo hacer para hacerla desaparecer de nuestra memoria. Me recuerdo allí , puro y limpio, sin saber de los avatares de la vida que luego me caerían en tromba, niño feliz, pero con la misma mirada inquisitorial con la que hoy observo la vida. Recuerdo en estos momentos lo que un día me dijo una mujer anónima: "Tienes unos ojos verdes muy interesantes, pero lo que más me gusta de ellos es que miran". Y es verdad, si observan cualquier fotografía reciente de las que haya aparecido en este blog, es franca mi mirada, fija y atenta, desnudadora de los pensamientos de aquellos que me hablan. Si la cara -dicen- es el espejo del alma, los ojos son la conciencia.

Veraneé muchos años allí, en ese sitio en el que fui retratado no sé por quién. Y me vuelven a los sueños los paisajes cercanos que Rafael Alberti nos contó en su "Arboleda perdida": el molino de agua entre pinares, el llamado "Camino de los Enamorados" que conducía desde la playa hasta la misma plaza de toros portuense, preñado de adelfas y cenistas...

Mi padre fue el fundador de una venta, ya enorme urbanización, llamada "Un alto en el camino", entre la playa y el campamento del Frente de Juventudes "Batalla del Salado". A Nicolás, guarda forestal de aquel inmenso pinar, le dijo mi padre un día que por qué no ponía, en mitad de los doscientos metros que separaban la orilla de aquel campamento, varios cubos fríos con cervezas y algunas botellas de tinto para hacer ese alto reglamentario. Nicolás fue viéndole la punta, y ya acompañaba el "alto" con alguna ensalada, pescaíto y chacina. Se atrevió, después, a montar unas mesas de tablas resinosas; más tarde, a construir unas habitaciones sencillas para las mujeres e hijos que venían de tarde en tarde, en un tren que tardaba de Sevilla a El Puerto más de seis horas, a acompañar al cabeza de familia... Y así, así, creció ese espacio que continúa, en un lugar privilegiado por aquel camino albertiano. Si a algunos de vosotros les da por visitarlo, observen una fotografía que está instalada en el lugar donde se brinda un homenaje de agradecimiento a mi padre por aquella ocurrencia.

Jamás se me olvidó aquel lugar; y cuando aquel niño fue creciendo y se ennovió -como antes se decía-, una de mis vacaciones fue ir con mi novia a aquel lugar, no ya como el niño inocente, sino como el hombre que quería arrancarle el sabor de su nombre a aquel "Camino de los Enamorados" que siempre quedará en mi álbum de recuerdos. No son para contar las vivencias amorosas, pero fueron ciertamente inolvidables. De esos gozos, de esas maravillosas turbulencias de la juventud, fue creciendo un librillo al que di en llamar "Amor entre mar y piedra", inspirado con el amor de por medio entre El Puerto y Arcos de la Frontera.

Quiero recordar un poemilla de mis gratos días en "La Puntilla" -que cito de memoria-, y que más o menos decía así.

En tu campo de espumas
me hundí una noche
como si mar tú fueras.

Anclé por las cerezas de tus pechos
y, encallado de amor, me rompí en ti,
como un prisma de sal.

Recorrí tus contornos con los labios
y tanto me gustó tu litoral
que me quedé orillado para siempre.

Puse arena de carne en tus mejillas;
tú, canción a mi voz, ola a mi verso.
Me saliné en tus mares y encallé.

No me arrepiento.

Cuando paso por El Puerto de Santa María, cuando las noticias me recuerdan su nombre, una hormiguilla me recorre los surcos de mis venas. Fueron años felices en mi infancia y en mi juventud; años imposibles de recuperar, pero, al fin y al cabo, años vividos de una y otra manera: de niño con la candidez de quien lo va descubriendo casi todo; de joven, con la avaricia de quien de verdad descubre la hermosura de la vida a través del cuerpo hermoso de una mujer que está descubriendo lo mismo en el mismo beso y en las mismas caricias.


miércoles, 7 de agosto de 2013

DESDE MI TORRE: LA GIRALDA, MINIMIZADA


Antiguamente, y de esto no hace tanto tiempo, la Giralda, la esbelta torre del caserío de Sevilla, cantada por poetas de todas las generaciones, repetida en millones de postales, llevada al cine en multitud de imágenes, protagonista de la vida de la ciudad, era la auténtica protagonista, el símbolo, el emblema, el sello de nuestra vida cotidiana. ¡Giralda! Sólo decir su nombre y el alma se engrandecía, se agigantaba y quería elevarse a su altura mirando al cielo de su veleta. Era algo normal que en los "telediarios" su imagen soberbia se repitiese con galantería cada vez que se nombraba a esta capital..., hasta que llegaron los de los EREs y, ahora, la imagen que se exhibe día a día, minuto a minuto, es la de la Audiencia de Sevilla, el llamado Palacio de Justicia, horrendo edificio, clásico de los arquitectos del franquismo, que sustituyó a aquel maravilloso de la Plaza de San Francisco, aunque tan terrible en sus dictámenes de salas como pueda ser el del Prado. 

La Giralda, como digo, era el símbolo de todos los informativos: "Sevilla está en alerta naranja", "Ya llega la semana grande de Sevilla", "Sevilla se viste de feria", "Las hermandades sevillanas salen para Almonte", "Vuelve una Bienal de Flamenco más novedosa", "Itálica se prepara para su gran festival..." Y siempre la Giralda presente, como en los antiguos carteles de Narbona, Francisco de Paula, Parladé, Beauchy, Martínez Martín, García Ramos, Juan Lafita, Rico Cejudo,  Bacarisas, Santiago Martín., Hohenleiter, Juan Miguel Sánchez, Martínez de León, Bartolozzi, Daniel Puch, Arenas, Álvarez Gámez..., y sigan poniendo nombres desde 1847 en tocante a la feria.

La Giralda, mi Giralda de visita primera cuando llego a Sevilla para ver si no le han cambiado sus nobles pilares por otros de acero, cristal o mármol de Macael -que todo es posible en Sevilla-, ya no sale en su esbeltez precisa y exacta en las imágenes. La han cambiado por una jueza Alaya que, en verdad, tiene cara de dolorosa sevillana. Si yo fuese mi paisano Arteaga, ya estaría ensayando con las gubias ese rostro hermoso para dejar en el cedro las huellas simples de su sencilla hermosura. Pero, su rostro de ingenuidad no lleva a que no tenga más bemoles que el caballo del Espartero, el bigote del desquiciado Tejero, o que mi Betis ganando al Madrid en el Bernabeu.

El edificio del Palacio de Justicia -lenta, pero Justicia al fin y al cabo- es el gran protagonista. Su imagen se repite una y otra vez desde tiempos en los que se marchitó la rosa y esperanza del socialismo. Por su fea fachada y sus despachos pasó Juan Guerra, pasó, como se pasa del verano al otoño; han pasado cientos de políticos metidos hasta las cejas en trincar lo que no les pertenecía, pasaron; y "La Pantoja", y "Farruquito", y el torero Ortega Cano, auténticos genios lacrimales; y un niño que no tiene una mala hostia como Carcaño, y que aún sigue cachondeándose de la policía y de todo el poder judicial; y, para colmo, más de la mitad de esos politicastros de la Junta de Andalucía que son los que debían -y así juraron o prometieron- defender los derechos de todos los andaluces, cuando sólo defendían los de sus mujeres, hijos, nietos, queridas, chóferes, amigos/as, y parientes varios. 

Nadie, ni la jueza Alaya, va a hacer que devuelvan el dinero defraudado/robado. Tampoco van a entrar en tromba en la cárcel, que sólo habitan los cuatro pelusos dedicados al menudeo y al tirón de bolsos. Pero a Sevilla, a ese canto general de la Giralda, le han hecho mucho daño estos golfos de la nueva política que, además, y como gallitos postineros, se pasean por la ciudad.

Parafraseando los sonoros versos de Fernando Villalón, sólo nos cabría decir en estos tiempos:

Giralda, madre de artistas,
molde de fundir rateros...

Y es que los tiempos, como aseveró el poeta del dorado siglo, cambian que es una barbaridad.