sábado, 9 de marzo de 2013

MIS CRÓNICAS DE TRIANA (24)


MARIFÉ ENTRE EL CORAZÓN Y LOS OLVIDOS

El mundo de la copla se tiñó de negro y el telón de embocadura bajó despacio, inmensamente lento, como una cortina forjada de lágrimas. Murió en una clínica lejos de su tierra sevillana quien, a pesar de haber nacido en Burguillos, siempre llevó en sus labios por todo el mundo el nombre de Triana, de ese viejo arrabal, tan coplero y flamenco en el ADN de sus señas de identidad; barrio que la vio crecer como mujer y como artista y que siempre se estremeció con el quejío de sus cantares y hoy ha llorado, de corazón en corazón, como si le hubiesen clavado los tres puñales de una de sus más desgarradas canciones.

Murió en silencio, como se mueren las rosas, mustia de pena desde que se fue su compañero. Cayó en los brazos de la muerte como una torre de arena que se lleva las olas de la playa de la vida. Y con ella, con esa María Felisa, Marifé de Burguillos y de Triana, de España entera y del orbe de los sentimientos, se fueron miles de emociones de unos años que nunca volverán: los de la piompa en el gallinero del San Fernando gritándole mil veces guapa; los de nuestras abuelas y madres que tarareaban con ella aquella “María de la O” desde la compañía de una radio de válvulas vestida de cretona estampada de vivos colores; los de Alfonso, el maricón más buena gente y de mejor gracia de la tierra, llamado “Esmeralda”, que la peinaba antes de pisar las tablas para que saliese al altar de la liturgia del teatro como si fuese una diosa…

Y es que lo fue. Marifé se convirtió en la virgen popular que, a golpe de composiciones de inolvidables maestros, puso yodo a las heridas de una población que vivía las miserias de la posguerra. Ella supo poner puente de plata a las calamidades del momento, y se convertía en una rosa de capuchinos que ni pintá por los pinceles de Murillo,  o en la señora vecina de un corral, y vendía casi regalá la sombra, y gritaba a ese amor imposible que había de quererlo mientras viva, subrayando que tenía miedo, mucho miedo de perderlo, o se transformaba –la risa en los labios, la noche en el pelo- en una loba por culpa de un desamor…

Cuántos romances, cuántas historias en la pequeña almendra de una copla que nadie supo interpretar como ella. Fue la María Guerrero y la Margarita Xirgu de la canción, la más grande intérprete de ese género tan infravalorado por la intelectualidad durante tantos años, la de más corazón encima de un escenario, la que sabía condensar más historias en dos coplas y un estribillo que los grandes dramaturgos. Nadie supo acercarse al pueblo llano como ella, y por eso España entera, Andalucía, y muy concretamente su pueblo natal y su patria chica de Triana, han llorado su desaparición como si la muerte le hubiese arrancado una rama del árbol de la familia.

Menos mal que Triana, allá por el 2001, la nombró “Trianera de Honor” y que el Ministerio del Trabajo le concediese su Medalla de Oro en el 2011. Pero Marifé se ha ido a la gloria llevándose la miseria de los políticos más cercanos, el olvido más vergonzante de los que tenían el suficiente dossier para vanagloriarse de ella. Ni los políticos de antes ni los de ahora tomaron en cuenta concederle la Medalla de Oro de Andalucía, a pesar de que las tengan varios mindundis que nacieron anteayer. Y a la gloria se ha ido tan genial artista sin que el alcalde de la ciudad de las personas, Juan Ignacio Zoido, ni el delegado del Distrito de Triana, Francisco Pérez Guerrero, ni el director del Distrito, Manuel Alés, asistieran a su entierro, mientras que sí lo hicieron los alcaldes de Málaga y Torremolinos. Quieren evadirse diciendo que estaban muy liados con lo del Viacrucis de la Fe. Lo de siempre: donde estén las hermandades de por medio, lo demás no importa.

Marifé se ha ido con el más absoluto olvido de las autoridades sevillanas, y muy concretamente de su delegado en el arrabal, al que desde esta página le ruego que dimita para que se presente a Hermano Mayor de cualquier cofradía.


(Triana Crónica. Nº 24. Febrero 2013)

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