miércoles, 28 de diciembre de 2011

DESDE MI TORRE: NO SEAMOS INOCENTES


Siempre, al margen de la celebración de la conmemoración hagiográfica que de este día hace el cristianismo, se ha tenido a esta fecha como la de las grandes bromas entre amigos, familiares y compañeros de trabajo; día en el que también los medios de comunicación participan intentando colarnos algunas noticias de todo punto imposible, por ejemplo, el fichaje de Messi por el Real Betis Balompié, la dimisión irrevocable de Griñán como Presidente de la Junta de Andalucía o que España ha salido de la recesión de la noche a la mañana gracias a un crédito a fondo perdido de miles de millones de euros que, por nuestra cara bonita, nos ha concedido el Fondo Monetario Internacional. Evidentemente, y a menos que el que lo lee, escucha o ve en televisión tenga un coeficiente cero, nadie puede creerse estas zarandajas que, además, no tienen ninguna gracia. Tampoco la tiene el que la mayoría de los españoles seamos unos inocentes de tomo y lomo y nos creamos, una y otra vez, todas las fábulas que los políticos nos cuentan.

Yo creo que la inocencia es una virtud que sólo pertenece a la edad infantil, esa en la que creemos que los Reyes Magos, depende de lo bueno o malo de nuestro comportamiento, nos traen los juguetes que les hayamos pedido. A partir de esa edad, y viendo lo que vemos a diario, el hombre va perdiendo su grado de confianza en los demás y es menos inocente cada día, Pero a pesar de eso, de tener casi siempre la mosca detrás de la oreja, en el fondo nadie nos quita una parcela de inocencia que siempre convivirá con nosotros. Nos creemos todo lo que nos dicen y hemos perdido la capacidad de analizar fríamente todo aquello que nos cuentan y prometen, sobre todo desde las esferas del Poder.

Bueno será -hablo desde la altura de mi edad- dejar la inocencia para otros menesteres, para cuando compartimos nuestros momentos de felicidad con hijos y nietos, cuando nos emocionamos, volviendo a ser niños, con el paso de la cabalgata de la tarde hermosa del 5 de enero. Para lo demás, es menester no serlo, porque las malas sorpresas sólo tienen el camino de la chanza y de la burla. No escojamos, pues, el camino equivocado.

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