jueves, 28 de octubre de 2010

POR DISTINTOS CAMINOS (36)


Poco importa a los turistas de la City que Londres sea capital de Gran Bretaña y de
su imperio, y uno de los centros financieros y comerciales más importantes del orbe.
Apenas si después de un paseo recuerden las joyas pictóricas de la National Gallery
o la magnificencia del Covent Garden, la catedral de san Pablo, la Real Abadía
de Westminster y los gloriosos nombres del duque de Wellington
-aquel que venció a Napoleón- y del almirante Nelson.

Más que el recuerdo de Buckingham, de la Torre Victoria o del Big Ben,
las célebres cabinas telefónicas inglesas lograrán el triunfo de imponerse en la memoria.
El color rojo carruaje, con la corona como único pretexto de soberbia,
es el símbolo más constante para la efímera agenda de un viaje de placer.

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