lunes, 20 de septiembre de 2010

ENTRE COPAS Y COPLAS (19)




No nos vamos a despedir sin tomar unas cuantas dosis de humor del bueno, de ese humor añejo que ya se ha perdido por nuestras lindes al perderse los hombres que lo hicieron posible. No quería rematar este buen rato que hemos pasado juntos sin recordar parte de una historia que sucedió en Sevilla desde los años cuarenta hasta los cincuenta bien cumpliods.

Lo cuento en dos minutos, aunque anteriormente apareció una cita en nuestro anterior blog "El aguardiente en la copla". Unos amigos que paraban en la célebre Bodega Viuda de Morales, fundaron una Peña Humorística a la que nombraron "Er 77", por ser éste el número que tenía asignado la "caseta" de la entidad en el recinto de la feria abrileña sevillana de El Prado. El lema de la misma, aunque ya lo hemos citado en varias ocasiones, era el de "Heroicus, invictus, curdis estomacalis". Lo más atractivo de esta Peña era, aparte de los días feriales, el libro-programa que editaban anualmente con motivo de esta celebración. Casas comerciales de toda España: navieras, comercios, ferreterías, agencias de seguro, bancos y, cómo no, bares, restaurantes, destilerías y criadores de vino, se anunciaban en sus páginas, no sólo por echar una mano generosa a la economía de la publicación, sino por la gracia que tenían los anuncios, escritos en versos con una ocurrencia singular.

No quería dejar pasar esta ocasión para brindar un modesto homenaje a aquellos hombres que hicieron reír a sus contemporáneos con la presidencia humorística de Luis Martínez Vice, apócrifo "Marqués de las Cabriolas" y su secretario, también apócrifo, "Conde de las Natillas", ya que era repostero de Confitería La Campana.

Ya citábamos el decálogo de la Peña en las páginas dedicadas al aguardiente, pero había otros consejos que se ofrecían como saludables para una vida sana. A saber:

Jínchate tú de beber
y deja en paz la mujer.

Lo mejor para la salud es:
Beberte diez lanternazos
sin pagar ni un solo vaso.

No olvides el Valdepeñas
y apúntate a nuestra Peña.

No te fíes del Destino
y aprovéchate del vino.

Nunca gastes una gorda
y toma la torta sorda.

En este mundo ladino,
para calmar sinsabores,
sólo existen tres licores:
el vino, el vino y el vino.

Si al alborear la aurora
regañas con tu señora
y te hace perder el tino,
no te apures: bebe vino.

Si al emprender tus tareas
te equivocas, te mareas
y peligra tu destino,
rectifica: bebe vino.

Si al salir ves que el casero,
o que el sastre, o el ditero,
se cruzan en tu camino,
no les huyas: bebe vino.

Si alguna vez te da un cólico
y te recetan un tónico
o el aceite de ricino,
no lo tomes: bebe vino.

Si salen mal tus negocios
o te equivocan tus socios
o tu sueldo es muy mezquino,
no eches cuenta: bebe vino.

Otros consejillos de la misma guisa que los anteriores:

Alaba la papalina
y odia la penicilina.

Como la vida es tan corta,
debes de tomar la torta.

Cogerla de tarde en tarde;
es decir, todas las tardes.

Un consejo para los viajes vacacionales:

Si en verdad quieres hasé
un viaje bien felí;
no se separes la caña
de ar lao de la narí.

Otra para las inclemencias del tiempo:

Si te ayunas, arma mí,
hazlo tú con vino güeno,
que da fresquito en agosto
y da calor en enero.

Una advertencia a la mujer del compadre:

Tienes por marido un santo,
pero las coge de espanto.

Y mañana, si Dios quiere, algunas copillas más del viejo humor.

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