martes, 25 de mayo de 2010

CANCIONES POR NUESTRAS VIDAS: ANTERIORES A 1936 (13)

La madrileña Amalia de Isaura fue una de las grandes reinas de las "varietés", pues en este mundo había hecho de todo: teatro, zarzuela, género ínfimo y cuplés, y en una época donde triunfaban muchas artistas. Su gracia y su gran vivacidad las puso tan de manifiesto que fue durante muchos años la más popular del Trianón Palace y, después, de Eldorado. Era, como dijeron casi todos los articulistas de la época, sencillamente inimitable. Su innata comicidad la llevo a hacer aquello que le gustaba y que, por supuesto, gustaba al público. Por eso jamás sus creaciones pasaron de moda y sobrevivieron a los espectadores de algunas generaciones. Su espíritu era el de hacer reír al personal con sus letras jocosas y con esos monólogos que se convertían en diálogos con el público, mientras su padre, el maestro Isaura, le acompañaba al piano y se reía con las ocurrencias sobre la marcha de su hija.

Tuvo muchos éxitos con interpretaciones como "Ají-Gua-Guá", "El Fox-Trot salvaje", "La tobillera", "La chalequera", "Cabeza de chorlito" o "El último figurín", entre muchas otras que nunca representaba igual en el escenario. Una de estas composiciones, con su célebre comentario de por medio, fue "¡No hay quien me mate!", con letra de Adolfo Sánchez Carrere y música de su propio padre, Arturo de Isaura:

De Facundo López, hijo de Segovia,/ hasta hace muy poco yo he sido la novia./ Mas de mí Facundo se ha pitorreao,/ pues al Nuevo Mundo dicen que ha marchao./ Si pa las Américas se me fue Facundo,/ yo también deseo irme al otro mundo./ Y como me faltan cuartos pa el pasaje,/ con este billete quise hacer el viaje.// (Recitado) Y decidida a morir, y no teniendo valor para matarme, me fui a casa con el kilométrico adjunto; llamé al portero, que tiene catorce hijos, y es el guardia número ciento uno, y le dije: Oiga, señor "capicúa", usté, que tiene tan buena puntería, ¿quiere usté hacerme el favor de pegarme un tiro? -¡Caray, qué lástima! me contestó-- Ahora no le voy a poder servir a usté. -¿Por qué? -Porque es tiempo de veda, y está prohibido matar calandrias. Yo, indignada al oír esto, le puse verde al borrico. Pero él se lo tragó tóo, y no dijo "esta boca es mía". ¡Y cuidado que le llamé cosas feas para ver si se enfadaba y me quitaba de en medio! ¡Pero como si no!... Los guardias no se alteran tan facilmente.// Encontrar no he podido/ quien mi vida remate./ Yo soy muy desgraciada,/ porque ¡no hay quien me mate!/ No esperen ustedes que otro novio busque,/ porque el tal Facundo bien me hizo la "cusque"./ Se portó conmigo como un mal padrastro;/ se fue a las Américas sin dejar el rastro./ Y aunque el tal Facundo yo le considero/ por este motivo como hombre rastrero,/ sin su amor la vida yo no la resisto,/ y pa el viaje eterno he tomado el "mixto".// (Saca una caja de cerillas y pretende encender una inutilmente.) (Recitado) ¡Pero como si no! Los mixtos que vende la Arrendataria son tan malos que ni pa suicidarse sirven. Dos cajas me he tomao esta mañana, y ya lo ven ustedes, ¡tan fresca! ¡Y eso que eran de las de a diez! ¡Si las llego a comprar de cocina, puede ser que a estas horas hasta hubiera engordao! El otro día, para ver si me moría de hambre, fui a un banquete... ¡Pues nada, hasta comí bien y todo! He salido a la calle con este lazo verde, que está pidiendo a voces una pedrada, ¡que si quieres! ¡Todavía no he encontrao quien quiera colocarme la primera piedra!... Ahora sí... Ahora me parece que he encontrado la solución... Ustedes... Ustedes son los que me van a matar a mí... ¿Qué no? ¡Ya lo creo! ¡Traigo embotellados unos cuantos chistecitos de los que indignan! Pero ¡por Dios! No se contenten ustedes con decir con decir lo que dice ahora todo el mundo cuando oye un chiste malo: "¡Qué bárbaro! ¡Es para matarle!... ¡Que los degüellen!..." ¡No!... Decirlo no... ¡Hacerlo! Yo moriré dándoles a ustedes las últimas gracias de que disponga. Ahí van los chistecitos... ¡y que Dios me acoja en su seno! 1. -¿En qué me parezco yo, diferencio yo de un cuchillo? En que yo soy algo bajita, y el cuchillo no es ná-vajita. ¡Venga!... ¿Es que no les parece bastante malo?... ¡Vaya otro! 2. -¿Cuál es el pez que, al enviudar, se queda afeitado? El "barbo", porque se queda sin la "barba". ¡Duro!... ¿Tampoco éste? Vamos a ver este otro... 3. -¿Cual es el novelista que más amaba la luz? Víctor Hugo; porque, cuando se quedaba a oscuras, todos le insultaban diciéndole: ¿Ves Hugo? ¿Ves Hugo? ¡Duro y a la cabeza!...// ¡Nada! Está visto.../Encontrar no he podido/ quien mi vida remate./ Yo soy muy desgraciada,/ porque no hay nadie que me mate.

Con estas cosas de Amalia de Isaura, el público se desternillaba y pasaba un rato a lo grande olvidando las preocupaciones diarias. Su impronta cómica era irresistible, tan irresistible que fueron sus propios admiradores, que formaban legión, los que no dejaban que Amalia abandonara la escena en 1925, tal como ella tenía previsto, continuando trabajando hasta casi el final de su ciclo vital. Otra de estas composiciones hechas para su gusto, fue el cuplé "La chalequera", original de Sánchez Carrere y Modesto Romero, en el que también, evidentemente, incluye sus célebres monólogos que tanto aplaudían los espectadores:

Un caballero muy respetable/ que en Recoletos me vió pasar/ hace dos meses que me persigue/ y no me deja ni respirar./ Lleva brillantes en las sortijas/ en la cadena y el alfiler,/ y a mí me dice que soy muy rica./ ¡Miá que yo rica! ¡Tiene que ver!/ (Recitado) ¡Si supiera que en el taller no gano más que seis reales fuertes! Y eso que por lo que me dijo debe habérselo figurao. -¿Qué oficio tiene usted? -me preguntó. -Sastra -le contesté. -Es usted de "abrigo". -No. Soy chalequera. -Entonces debe usted hacerme caso y dejar la aguja. -¿Por qué? -Porque ese oficio es el de-sastre. Y tiene razón. Pero ¡claro! Como una es decente, ¿qué le iba a decir? Lo que yo le dije:// Retírese el tío facha,/ retírese de mi vera,/ porque tiene mucha lacha/ lacha, lacha,/ la chalequera.// Yo de vejetes nunca hice caso/ y de su lado rápida huí,/ pero se puso delante un joven/ y sus palabras con gusto oí./ Como el sujeto también es sastre,/ de esta manera se declaró:/ -Oiga, colega, ¿desea un socio?/ -Un buen marido deseo yo.// (Recitado) Por cierto que, al oir lo del matrimonio, el pollo se echó p'atrás diciéndome muy seriecito: -No corra usted tanto, prenda, que pa que una sastra y un sastre se establezcan y confeccionen un terno, no creo que sea precisa la intervención eclesiástica. -Es que yo no me establezco sin contar con la "parroquia". -Se ve que no es usted aprendiza. ¡Hay buenas hechuras! -¡Pues si viera usted el forro!// Aunque su charla llegó a agradarme/ tampoco al joven caso le haré,/ porque los hombres son todos lo mismo/ y van buscando lo que yo sé./ Tan solo a un hombre quise de veras/ y por quererle con frenesí,/ un día yendo a probar un traje/ pidió otras pruebas y se las .// (Recitado) Mi amor primero se llamaba Segundo, vivía en el tercero de mi casa y yo le quise aunque no tenía un cuarto. Pero le tocó ser quinto y al ver yo lo contento que me dejaba, me dije: ¿Qué es esto?... Y una vecina fue la que me puso al corriente. Segundo andaba detrás de una americana muy rica que tenía hasta "botones". Y yo mientras tanto sin poder dejar el oficio, con lo peligroso que es para una muchacha decente andar entre chalecos y teniendo que repetirles a los hombres:// Retírese el tío facha,/ retírese de mi vera,/ porque tiene mucha lacha,/ lacha, lacha,/ la chalequera.

Era la gracia pícara y zumbona de Amalia de Isaura, su comicidad, su agradable presencia ante un público deseoso de divertirse, la que hizo que fuera una de las artistas más esperadas y queridas. Su polifacetismo sólo hacía engrandar su imagen de genial artista que encuadraba a la perfección en todos los géneros, aunque a ella le encantaban aquellos cuplés pícaros que tanta fama y dinero le dieron. En "Los ojos de Estanislao", de nuevo hacía su creación con una comicidad y arte insuperables:

Estanislao que es un chico muy listo/ es hoy un gran modisto, de robes y manteaux/ y de chapeaux,/ y el oficio ha dejado de ebanista/ porque a eso de modista le tié gran afición/ y vocación./ Por exhibir sus preciosas toiletes,/ encargos de divetes, ha puesto un magasín./ Y se puede afirmar con certeza/ que quita la cabeza de Madame Paquín,// (Recitado) -¡Ay! ¡Eso sí! Trabajo con un esmero y una delicadeza que encanta. Y como a su tipo ligeramente achulao une el chiqué parisién, y como además tiene unos ojos felinos, pues todas las señoras que van a su casa a probarse, le dicen entusiasmadas...// ¡Estanislao! ¡Estanislao!/ Tus ojos submarinos me han torpedeao./ ¡Qué m'as dao! ¡Estanislao!/ ¿que el corazón me has puesto congestionao?!-

Sus interpretaciones siempre llevaban, mezcladas con humor, las críticas burlonas a las costumbres de su época, así como el remedo cómico de las grandes artistas del momento. Siempre decía que se retiraba, pero siempre volvía al público que la esperaba con auténtica alegría y satisfacción. Después de la guerra civil formó compañía con el gran artista malagueño Miguel de Molina -del que nos ocuparemos en su tiempo-, y, más tarde, perteneció a la de Concha Piquer, triunfando, precisamente, con las imitaciones burlescas que hacía de la misma doña Concha. Después, llegó a formar su propia compañía con el bailarín Hurtado de Córdoba..., pero ya, en diciembre de 1971, precisamente, como si humor fuese, en el Día de los Santos Inocentes, Amalia de Isaura nos dejaba para siempre. Pero en el recuerdo de nuestros abuelos se quedó perpetuada para la eternidad. Sería imposible hablar de las canciones que pasaron por nuestras vidas sin traer su recuerdo. Muchas veces, cuando releo su repertorio, me da la sensación clarísima de que todas las murgas sevillanas, que son las que conocí, habían bebido mucho del repertorio de esta artista, así como de Luisa Esteso, a la que dedicaremos también un apartado especial. Hablan y no paran los que tuvieron la suerte de conocer su tiempo. Ángel Zúñiga nos decía que "Entre una mala tragedia o una deliciosa canción de music-hall, la partida la gana esta última. Por esta causa, yo sólo quería dar un consejo a quienes deseen divertirse y, además, rejuvenecerse: es necesario ver a la Isaura". ¡Lo mismo pienso yo, que sólo la he conocido a través del amor de sus compositores y cronistas!

(En la portada de la revista, Amalia Isaura)

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