miércoles, 24 de marzo de 2010

RINCÓN COFRADE TRIANERO: LA ESPERANZA YA TIENE SU MEDALLA

Tienes lo mejor que puede tener una mujer de corral: la belleza de tu cara. Y tienes la mejor joya que puede tener una Madre como tú: la de sus hijos, trabajadores, artistas, cariñosos y solidarios, esos que siempre llaman a tu puerta, camino del trabajo, para darte los buenos días; los que cuando suenan las campanadas del ángelus vuelven su mente hacia la calle Pureza y te repiten tres veces el mensaje del arcángel Gabriel; los que acuden a tí para mirarte o para pedirte el favor de una gracia, la salud para el hijo enfermo, el pan candeal de la mesa, que el trabajo no falte, que se pueda llegar a fin de mes...

¿Para qué necesitas tú la Medalla de Oro de la Ciudad de Sevilla si es Sevilla misma la que en la madrugada del Jueves Santo reclama el oro de tu gracia?

Tú eres mujer de barrio y te ha morenizado la cara el sol que se humedece y duplica en la patena de tu río cercano, y bien sabes que nunca quiso Triana lujos ni ostentaciones. Tu medalla es el puñal que como Madre valiente llevas clavado en el pecho llorando por tu Hijo. Tu medalla es el pañuelo para enjugarte las lágrimas y el río de rosas que cuelga de tu mano. Tu medalla es saber que eres la niña de la Pureza de tu calle, y que tu Madre, Santa Ana, vive a dos pasos de tu casa, y que tus hombres y mujeres se arraciman a ti como un jazmín dorado a tu costado. Deja que los políticos se queden con las prebendas. No faltó oro para tu corona: anillos de bodas, pendientes de niñas, pulseras que lucirían mejor en tí...

El día que a tí se te antoje una medalla de las de verdad, de las de ley, de las que salen de los quilates del corazón, bien sabes que aquí está Triana para poner un galeón de Indias en tus manos. Que no te den favores. No los necesitas. Triana te quiere a tí: sin lujo, sencilla, mujer de un corral a la que siempre podemos acudir para rezarle y pedirle una ayuda, si es posible.

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